Se trata de una infección vírica causada por el virus del papiloma humano, que se aloja en las dos primeras capas de la piel (epidermis y dermis). En ocasiones pueden confundirse con un callo. Los síntomas típicos son la aparición de una lesión de tacto rugoso, puntitos negros dentro de la lesión que son pequeños vasos sanguíneos (vascularización del virus), dolor al pellizcarla y no a la presión, aunque si la verruga está cubierta por una capa de queratina puede provocar molestias al presionarla, al caminar o simplemente al estar de pie, y la interrupción de los dermatomas (líneas y surcos normales de la piel). El contagio se produce por contacto directo cuando la piel del pie, a través de grietas o heridas entra en contacto con el virus. El tratamiento consiste en ahondar en la lesión hasta conseguir eliminarla por completo mediante ácidos, láser o sustancias vesicantes.

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Silvia Codorniu

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